Su voz

Trascendí al Más Allá Íbera poderosa, y gocé de vida plena.

No tuve miedo a la muerte que me encontró a los veinticinco años, los suficientes para aprender a fundirme en aquellos anaranjados atardeceres de Basti;…oleadas de Paz me habitaban.

Alcancé los honores de Reina y Suma Sacerdotisa, y custodié el Templo de veneración al Equilibrio Cósmico, erigido en la cima de la ciudad, principios de lo femenino y masculino igualados, semicircunferencias  que componen la rueda de la vida.

Aún siento la brisa en mi cara, estando fuera y dentro de mi cuerpo a la vez, culminación de la Unidad que amor desvela.

Desde aquel epicentro, admiré y disfruté la abundancia de sus llanuras; la laboriosidad y sabiduría de mi gente,  biorritmos de siembra, recolección, vida;  que la Deidad tanto quiso, que protegió con un círculo montañoso, en toda su simbología.

Soy Diosa de la Vida y la Muerte.

Trascendí al siguiente estado en total dicha, mientras mi cuerpo inerte, que ya no me servía,  procesionó desde el Templo, recorriendo en descenso sus calles, para llegar al cercano cerro del descanso, al que ahora llamáis Cerro Santuario.

Mi pueblo fue guía, en aquellas extraordinarias exequias que se prolongaron hasta que mi cadáver fue incinerado en el ritual propicio, y finalmente cobijado en la efigie de mi retrato.

Una cámara había sido dispuesta con todo lo necesario, y una vez entronizada en el palacio mortuorio, me arropó la tierra anaranjada del ocaso que tanto amé.

Desde entones he sido venerada bajo múltiples formas femeninas, y he permanecido en su aire mediante sutiles y penetrantes perfumes grabados en la memoria de mi pueblo.

En el tránsito pude ver no sólo mi cuerpo yacente, sino también como mi civilización poco a poco se sumergía para dar paso al curso de la historia;

Otra vez la vega…, el ciclo de la siembra…, la conexión de la tierra con mi estirpe en permanente escucha movió la energía necesaria.

El ciclo se completó y las entrañas de esta Basti, se abrieron de par en par, Madre Tierra, para parirme de nuevo.

AQUÍ ESTOY. SIGO  VIVA. Amo y siento orgullo de MIS RAICES, de mi CIVILIZACIÓN DORMIDA DURANTE 2300 AÑOS.

VENID A BASTI A EXPERIMENTAR SU LEGADO;

A SENTIR EL MISTERIO DE LA VIDA Y LA MUERTE.

MI BASTI ES FIEL Y  PODEROSA, ES MADRE QUE VELA CALLADA,

Y SOBRETODO PRESENTE.

María Vázquez Góngora

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